Crianza y tecnología

La crianza y la tecnología hoy tienen un vínculo que, puede ser perjudicial para los niños.

Aunque ya hay evidencia suficiente del daño que puede causar la tecnología descontrolada en la infancia, aún se sigue utilizando indiscriminadamente. Incluso en centros educativos. 

En mi opinión, la tecnología no es un problema en sí mismo, sino el hecho de usarla para reemplazar la función de una mamá o de un papá.

Aquí te explico por qué y este otro artículo te doy ideas para gestionarlo.

Preocupaciones actuales sobre la crianza y la tecnología

En el ámbito de la salud mental seguimos viendo evidencia clínica de niños con:

  • Adicción a la tecnología.
  • Brotes emocionales graves.
  • Dificultades para dormir.
  • Impulsividad.
  • Malhumor. 
  • Falta de paciencia y de tolerancia a la frustración.

 

Hablo de trastornos en el desarrollo en distintos grados, no de un malhumor de un día. Son trastornos que si no se tratan a tiempo, pueden dejar consecuencias graves a futuro.

No es que la tecnología en si cause estas consecuencias, sino que quita el espacio para que el desarrollo se produzca.

Sigo viendo niños comiendo en un restaurante con una tablet en frente. O en un viaje en coche con una pantalla.

Aquí no pretendo criticar ni culpar a los padres. Mi intención es informar y dar ideas o alternativas. 

El uso de la tecnología como función materna/paterna

No puedo evitar sentir pena cuando veo el uso de la tecnología en la infancia como un sustituto de la función del adulto.

Me da pena porque lo que perdemos en la infancia en cuanto a desarrollo, no es recuperable al 100% más adelante y en algunos casos ni una parte. 

Los errores que cometemos las madres o los padres, se pueden corregir. Pero el desarrollo que no se dio, no se puede retomar del todo.

Hace un tiempo, viví una situación muy angustiante en una clínica. Mientras esperaba que me llamara el médico, una señora con un bebé se sentó a mi lado. El bebé lloraba sin parar y la señora no intentaba hacer nada diferente para calmarlo. Finalmente, sacó el móvil y puso un vídeo frente a los ojos del bebé, pero este seguía llorando. Permanecieron así hasta que los llamaron.

Sentí mucha angustia y dudaba si intervenir o no; finalmente, no lo hice y luego me arrepentí. Lo importante de esta anécdota es que, seguramente, esta mujer también sentía angustia. A nadie le gusta escuchar llorar a un bebé, ya que su llanto está diseñado para incomodarnos y hacer que busquemos mil formas de calmarlo.

Está claro que esta mamá no tenía las herramientas necesarias para calmar el llanto de su bebé de una manera saludable. Aquí está el punto: la falta de herramientas por un lado y la falta de consciencia por el otro.

La tecnología, ¿un parche a la crianza?

Voy a tomar como ejemplo lo que conté arriba.

Cuando el bebé nace, no sabemos cómo calmarlo. Poco a poco, vamos aprendiendo qué le gusta y qué quiere. Así, encontramos un ritmo compartido entre su demanda y nuestro sostén. Este ritmo seguirá existiendo toda la vida, complejizándose gradualmente. El niño incorporará este ritmo internamente y lo aplicará a otros vínculos. Esto, vale oro. Y es la base que posibilita el desarrollo del bebé.

Si usamos la tecnología como parche, frenamos este proceso de aprendizaje mutuo y gradual. Esto tiene dos consecuencias que se agravarán gradualmente:

  • El bebé no aprenderá a autorregularse (entre otras consecuencias).
  • Los padres perderemos la oportunidad de compartir, enseñar y aprender de nuestros hijos. Pero sobre todo, perderemos un lugar de sostén y guía.
 

Podemos ver esto desde un lado melancólico, pensando en los momentos únicos con nuestros hijos que podemos perder.

Podemos pensar en el daño que tendrá nuestro hijo a futuro.

Pero también podemos verlo de una manera práctica. Entendiendo que más adelante será más difícil gestionar las dificultades con nuestros hijos. Cuando usamos la tecnología para criar, nos estamos comprando un problema a futuro.

Lo que perdemos cuando usamos tecnología para criar

El crecimiento de nuestros hijos nos presentará situaciones desafiantes y difíciles de gestionar y no sabremos qué hacer.

Nos daremos cuenta de que no habremos aprendido el ritmo compartido que nos permitiría calmarnos y encontrar soluciones. Nos daría la posibilidad de negociar, de hacer acuerdos, de resolver lo que se va presentando.

En cambio, al no haber hecho ese proceso, será como intentar andar en bici sin saber caminar. 

No sabremos qué hacer porque habremos pasado los últimos años postergando el aprendizaje. 

A veces escucho madres diciendo, “tiene 6 años, no puede ser que se comporte de esta manera”.

Si un niño no aprende cuestiones fundamentales en su infancia, como autorregularse, tolerar la frustración, aceptar los tiempos de espera o el no, porque las postergamos con tecnología, no podemos esperar un comportamiento adecuado para su edad.

Un niño que siempre ha comido en un restaurante con una tablet enfrente, no sabrá comportarse adecuadamente en una situación social en un restaurante sin una tablet cuando tenga 18 años.

Un niño que no sabe aburrirse porque siempre se lo ha entretenido con una pantalla, tendrá serias dificultades cuando no pueda tenerla y tenga que aguantar sin ella.

A ser mamá y papá se aprende con la práctica y si nos “ahorramos” berrinches y situaciones molestas tapándolas con una tablet o un móvil, también nos estaremos “ahorrando” el aprendizaje sobre cómo gestionar las distintas situaciones con nuestros hijos. Esto a futuro será peor, porque el berrinche será más grande y las situaciones molestas, más graves.

Consecuencias del uso de la tecnología como crianza

Lo que hoy nos parece una solución, será un problema más grave mañana. Ya no hablaremos de que nuestros hijos nos molesten cuando estemos cenando en un restaurante. Hablaremos de chicos que se brotan, que no prestan atención, chicos con problemas sociales y escolares. Chicos que acaban siendo medicados.

¿Se imaginan cómo serán cuando sean adultos si no han aprendido a esperar? ¿Si no pueden tolerar una mínima frustración? ¿De qué manera taparán eso? ¿Qué harán cuando tengan que esperar 5 años para graduarse de la universidad o para lograr un objetivo deseado? ¿Cómo resolverán cuando no se cumplan sus expectativas? ¿Se imaginan a sus hijos lidiando con las dificultades diarias de la vida? 

La intención con esta información no es que te asustes. Lo que quiero es que sepas la verdad, que no te engañes pensando que no pasa nada.

Permítete reflexionar sobre si realmente es esa la forma en la que quieres criar a tus hijos. Si te agobia la crianza, si te cuesta tener paciencia, si no sabes como hacerlo, pide ayuda. Si la necesitas y no la pides hoy para ti, terminarás pidiéndola mañana para tus hijos. 

No estoy hablando de ser radicales y quitar absolutamente la tecnología. Hay familias que logran hacer un uso muy saludable, incluso se le puede dar un uso terapéutico. Comparto aquí otro artículo donde te doy algunas ideas.

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