¿Te gusta la realidad que te creas? ¿Tú qué ves cuando miras?

Quiero hablar de este tema porque es bastante polémico y creo que puede ser malinterpretado. Algunos consideran que decirle a alguien que su realidad es su responsabilidad, es culpabilizante, un poco místico y tal vez soberbio.

Esta idea se basa en el hecho de que realmente no controlamos nada y nadie elegiría conscientemente para sí mismo una realidad desagradable.

Sin embargo, ambas posturas tienen su “verdad” y justamente esto mismo, es crearse la realidad. Viéndolo de un modo resumido, existe la realidad y cada uno ve en ella lo que puede. Algunos ven solo la posibilidad de modificar su realidad y otros ven solo los límites que le impiden hacerlo, ninguna de las perspectivas es errónea.

Como el hecho de hablar de esta manera nos introduce en un debate y finalmente nos distrae de lo importante, propongo en este artículo, dar una “explicación” simple sobre el sentido de esta frase (¿Te  gusta la realidad que te creas?), olvidar las discusiones filosóficas al respecto y que cada uno saque sus propias conclusiones y utilice lo que más le sirva.

Trataré de simplificarlo lo más posible para que sea fácilmente aplicable a tu día a día, quedarán muchos casos y situaciones por fuera porque haré una generalización.

Como he mencionado más arriba, la realidad simplemente es, sin más. Pero cada uno de nosotros, cuando la mira, ve algo que es único y es único porque al mirar lo hacemos desde nuestra mentalidad, que está formada por nuestras creencias, nuestra experiencia, nuestra educación, nuestras emociones, nuestra cultura, nuestros miedos, nuestros deseos, etc. 

Esto explica por qué dos personas pueden tener experiencias tan distintas de una misma situación o dos opiniones opuestas sobre la misma persona.

Hay un principio de la PNL que lo explica con esta metáfora: el mapa no es el territorio.

Esto quiere decir que si bien podemos representar una ciudad con un mapa, en el mismo no estará representado todo el territorio, sino que habrá una parte. La parte necesaria para el fin que tenga el mapa. El mapa es una representación de la realidad, a la que le faltan cosas y en la cual, otras cosas no son exactamente iguales que en la realidad. Las personas estamos todo el tiempo haciendo mapas de la realidad que vemos, ya sea de las personas, los lugares, las situaciones, etc.

Los beneficios de hacer esto son muchos. Si nos conocemos; si tenemos consciencia de nuestro momento presente, nuestras acciones, nuestras emociones; si nos aceptamos; seremos más felices, nos sentiremos plenas, tendremos amor para los demás, nuestros vínculos mejorarán. Sobre todo, tendremos la posibilidad de evolucionar. Porque allí donde nuestra mirada habla más de nosotras mismas que de lo que vemos, tenemos algo para trabajar, hay algo para aprender. Esa es la señal a la cual debemos atender, lo que nos va marcando el camino de evolución, de desarrollo personal.

La fórmula es bastante sencilla, solo que puede presentarse de maneras tan variadas que a veces nos puede costar identificarla. 

Lo que no te gusta/aceptas/te falta de/en ti, lo proyectas en el mundo (es lo que ves en el mundo). 

Cuando no te falta, cuando te aceptas, el mundo es simplemente lo que es y tu puedes ser parte de él y vincularte con los demás de manera genuina. De lo contrario, siempre estarás vinculándote contigo misma, hasta que puedas resolver.

Dicho de otra manera, lo que no tienes dentro, lo crearás afuera, porque lo buscarás, buscarás los obstáculos que te mantengan enfrentada a este conflicto para que puedas resolverlo.

Es un funcionamiento similar al de un trauma. Supongamos que una persona tiene un accidente de coche y sueña repetidamente con él, esto es un intento de procesar los hechos. Lo mismo sucede cuando tenemos un conflicto interno, proyectamos en todo y en todos repitiendo una y otra vez con el fin de resolverlo. 

Cuando la repetición trae consecuencias muy costosas o no encuentras la salida, conviene pedir ayuda. 

A  esto que no nos gusta de nosotros y que vivimos proyectando fuera, Carl Jung lo llamó sombra y cuando la sombra reside en el inconsciente, es decir, no somos conscientes de ella, no podemos aceptarla, integrarla y seguimos proyectándola y creando nuestra vida en función de ella, llamándola destino. Lo resumió con esta frase:

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”.

o

“Cuando no se hace consciente una situación interior, sucede exteriormente como destino”.

Habrás escuchado hablar quizá, sobre la ley del espejo. Es otra forma de nombrar a este mecanismo de proyectar fuera el conflicto interno. Freud consideraba a la proyección como un mecanismo de defensa mediante el cual atribuimos a los demás lo que no aceptamos en nosotros mismos (por supuesto que esto es porque aceptarlo o verlo siquiera, nos dolería o no estaría en línea con nuestros valores).

La realidad es entonces el espejo donde vemos nuestro reflejo.

Es por esto que el desarrollo personal es siempre en sociedad, justamente porque los otros nos hacen de espejo, es allí donde vemos lo que necesitamos resolver. 

Entonces no vemos el mundo y los demás como son, sino como nosotros somos.

Hasta acá la explicación del mecanismo, retomemos ahora la fórmula y veamos situaciones en las que nos podemos encontrar proyectando. 

 

¿Cómo darme cuenta de si estoy proyectando?

Lo que no te gusta/aceptas/te falta de/en ti, lo proyectas en el mundo. 
 
  • ¿Te enojas con muchas personas?
  • ¿Crees que todo te sale mal, que todos están en tu contra?
  • ¿No toleras a nadie?
  • ¿No te dura una pareja o una amistad?
  • ¿Siempre te quedas sin dinero?
  • ¿Tienes problemas con todos tus jefes o tus compañeros de trabajo? 
  • ¿Tienes conflictos repetitivos con tus familiares o con tu pareja?
  • ¿Sientes que siempre te ocurre lo mismo?
  • ¿Siempre te decepcionan?
  • ¿Todos te abandonan?

 

Cuando te encuentras con un problema que insiste y te cuesta resolver, puede darse con tus hijos, tu trabajo, tu pareja, tus amistades, etc., puede que allí estés proyectando algo propio que necesitas trabajar.

Cuando te ocurre una y otra vez lo mismo, es probable que estés proyectando.

También podemos estar proyectando fuera un conflicto interno cuando nos molesta demasiado algo, no quiero decir que no puedas tener preferencias, pero cuando algo te perturba, al punto de no soportarlo, es probable que haya proyección.

Esto se puede ver por ejemplo, cuando hay repudio hacia algo/alguien, en las posturas extremas o rígidas. Lo que repudias afuera es lo que no aceptas en tí. 

Por ejemplo, quizá no soportas a las personas perezosas, no puedes ni verlas. Una interpretación sencilla sería pensar que no aceptas tu propia pereza; quizá porque tienes un mandato de producir; quizá porque temes que si frenas y descansas, todo se irá al demonio; quizá porque temes encontrarte contigo misma y darte cuenta de que lo que vienes haciendo hasta ahora no te hace feliz… 

Hay muchas variantes según cada caso, pero lo que sirve para todos los casos es el conocimiento de que si me perturba, es por algo que tiene que ver conmigo y no con esa persona. 

Sería maravilloso poder darle el lugar a esto para pensar, investigar y entender de dónde viene para así hacerlo consciente. Poder integrarlo y resolver el conflicto, dejando de proyectarlo y creando una nueva realidad en la cual somos protagonistas de nuestro destino.

Una aclaración importante, cuando proyectamos algo en los demás, no quiere decir que el otro no tenga nada que ver con eso, seguramente algo haya, pero nosotros nos seguimos cruzando con esas personas o bien, esas personas nos siguen perturbando porque el conflicto permanece dentro nuestro.

Cuando proyectamos, el otro nos molesta porque es igual o nos molesta porque es distinto. 

Con nuestros padres por ejemplo, puede pasar que nos molesten porque sean distintos a la imagen que tenemos de ellos, a como quisiéramos que fueran. Entonces estamos en conflicto permanente y es este conflicto interno el que estamos proyectando en realidad.

Nuestros hijos, también nos reflejan nuestras propias faltas de la niñez, nuestros conflictos de adolescentes. Cuando esto ocurre es porque no hemos procesado aún dichos conflictos y no estamos vinculándonos con nuestros hijos genuinamente sino con nosotras mismas, hasta que podamos resolver.

Si te identificas con las preguntas que vimos más arriba o alguna similar, es probable que, además de estar proyectando, estés en una posición de víctima ante el problema. Lo cual, te quita toda posibilidad de resolución.

Trabajar en integrar tu sombra, te llevará a ser más consciente, a aceptarte y aceptar a los demás. De esta manera tus vínculos podran ser más genuinos y saludables y no tendran que estar basados en tus faltas sino en tus deseos. Te permitirá ser la protagonista de tu historia pudiendo elegir diseñar tu vida como tu lo desees, dentro de lo humanamente posible.

 

¿Cómo dejar de proyectar?

En principio pondría el foco en aprender de la situación y no en rechazar la proyección. Tomar lo que sucede como un señal que me marca dónde debo trabajar.

 

Propongo tomar esta frase y comenzar a investigarla desde el final hasta el comienzo:

Primero ver en tu “destino”, esto sería lo que estás viviendo hoy, que se fue gestando años atrás y revisar si ocurre alguna de estas situaciones:

  • Posturas rígidas y emociones extremas: detesto, odio, no soporto, me perturba, tal persona, tal situación, etc.
  • Conflictos recurrentes, peleas repetitivas, situaciones que se repiten de la misma manera, con tu pareja, tus hijos, amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc.
  • Posiciones repetitivas, siempre me pasa lo mismo, siempre me dejan, siempre me engañan, siempre me decepcionan, siempre me echan del trabajo, etc.
  • ¿El culpable de lo que te ocurre siempre es otro?

Si descubres que en tu vida hay algo o alguien que te perturba, entonces, acepta este conocimiento, acepta que si estás en esta situación hay algo de tí en todo esto y decídete a encontrarlo. 

Pregúntate y sé sincera, ¿Qué de lo que no soporto en el otro, hay en mí? ¿Qué tendría de malo si yo fuera de esa manera o me comportara de tal forma?

¿Qué me preocuparía de ser así? Continúa indagando hasta llegar a algo que te haga sentido.

Libera al otro de la responsabilidad y hazte protagonista de tu historia, deja el rol de víctima.

Si descubres  que hay un patrón en tu vida que se repite y que siempre terminas en el mismo lugar. Entonces pregúntate, ¿Qué pasa dentro de mí para que me genere esta realidad, para qué necesito repetir una y otra vez la misma situación? ¿Qué debo aprender de esto?

¿Qué me falta dentro que se lo estoy pidiendo al otro?

Un ejemplo simple podría ser una persona que no se acepta a sí misma, porque en el fondo cree que no es suficiente o que no merece, y que entonces busca parejas que no la valoran, que no le dan su lugar, etc. En este vínculo habrá problemas porque esta persona terminará exigiéndole amor, atención, lugar al otro porque no lo tiene dentro suyo. 

Cuando logre aceptarse, probablemente dejará de buscar este tipo de parejas y paradójicamente encontrará parejas que sí le demostrarán su amor.

Si puedes registrar estas situaciones en tu vida y llegar al fondo de la cuestión, habrás tomado consciencia de lo propio proyectado y podrás trabajar en aceptarte e integrar tu sombra. 

Es un proceso que a veces puede ser más fácil que otras, hay libros que ayudan a reflexionar sobre el tema como “Encuentro con la sombra” de varios autores.Si quieres profundizar en este camino del desarrollo personal, ¡te acompaño!

Si te interesa este tema, te dejo un video de Lorena Llobenes, neurocientífica, donde explica esto desde las neurociencias contemplativas.

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