¿Tu trabajo te está robando el alma?

Si la respuesta a las preguntas que siguen es sí, es probable que tu trabajo te haya robado el alma:

¿Te sientes estancada? ¿Sin motivación? ¿Te da pereza ir al trabajo? ¿Comienzas a detestar los lunes? ¿Sientes que no haces tu trabajo con ganas o que no tratas de la mejor manera a tus clientes o compañeros? ¿Te sientes en una rueda de hacer y hacer que no frena? ¿Sientes que has perdido el sentido en lo que haces?  

Tranquila, robar el alma, es solo una expresión. Nadie puede robarte el alma, pero si puede ser que te hayas olvidado de ella. Si quieres recuperarla, sigue leyendo.

¿Tu trabajo te está robando el alma?

Si sientes que tu trabajo te aleja de quien realmente eres o quien quieres ser, te entiendo. Yo también pasé por eso y aquí te comparto mi experiencia.

Desde pequeña disfrutaba de ayudar a las personas y empatizaba mucho con su situación. Siendo joven descubrí mi vocación en la psicología. 

Sin embargo, durante mucho tiempo tuve también un empleo diferente. Ese trabajo llegó a ser muy bien remunerado. Eso pensaba cuando sólo consideraba lo que “ganaba”, sin contar las consecuencias en mi salud física y mental. O sin poner mi felicidad y mi ser en esa ecuación. 

En ese entonces me sentía inteligente. Porque había logrado ganar mucho dinero y crecer en una organización. Tenía una nómina segura cada mes, premios y beneficios. Podía concretar proyectos personales y tenía «reconocimiento». Todo marchaba bien. Si bien me gustaban  algunas de las cosas que hacía, como liderar personas o llevar adelante proyectos, prioricé esta falsa seguridad, antes que mi vocación. Es que las organizaciones lo tienen claro: es necesario un buen paquete de beneficios para compensar lo que tu trabajo te roba: la posibilidad de ser.

Si, es cierto que me lo monté muy bien. Trabajaba con gente muy guay con la que me divertía mucho y siempre trataba de buscarle un sentido a lo que hacía.

Siempre buscaba poder ayudar a los otros de alguna manera con mi trabajo. Mi lema era: puedes hacer lo que amas o amar lo que haces.

Este razonamiento me permitió seguir adelante durante mucho tiempo siendo feliz.

Realmente no reniego de mi camino. Me encanta todo lo que ha sucedido, todo tuvo que suceder para que pudiera evolucionar. Mi experiencia laboral me ha dado muchas cosas, sobre todo amigos, aprendizaje y me ha traído hasta donde estoy hoy.

Tampoco intento despreciar el trabajo en organizaciones. Solo me parece importante poder reflexionar y ser conscientes.

Sigo con la historia. A medida que mi responsabilidad aumentaba, también aumentaban las situaciones de estrés y las exigencias desmedidas. Los absurdos de las organizaciones eran aún más ridículos. Parecía más importante convencer a alguien que decide, de que tú eres lo que esa persona busca, antes que realizar bien el trabajo. A medida que creces en la organización, también crece el ego.

La ansiedad es moneda corriente. El ambiente que se vive es justo el que cualquier psicólogo o médico contra indicaría.

En toda actividad laboral alguien nos va a tener que elegir. Para contratar nuestros servicios o comprar nuestros productos. Sin embargo, el punto está en ofrecer algo que realmente nos haga sentir bien y no solo lo que el otro quiere escuchar. Ir cediendo ante estas cuestiones, nos va robando el alma de a poco. Nos va alejando de nosotras mismas.

Con apoyo familiar y profesional finalmente logré superar esta crisis y adaptarme.

Por supuesto que nada, ni una indemnización, compensa el daño causado a la salud física y psicológica.

En ese momento no sabía que el aprendizaje que estaba teniendo, me llevaría justamente a estar cada vez más lejos de ese tipo de vida.

Llegó un momento en el que dejé de sufrir pero empecé a sentir que mi llama se estaba apagando. 

Al principio creía que esto era bueno, que había llegado a mi madurez. Creía que no tener el deseo encendido y sentirme satisfecha con lo que había logrado era sabiduría. 

Con el tiempo y mucho trabajo terapéutico, me di cuenta de que mi ego me estaba engañando. Me había estado engañando durante muchos años.

No solo por esta idea que tenía sobre qué es realmente «ganar». También porque fue el ego la fuerza que me llevó a crecer dentro de una organización creyendo que eso significaría algo. Buscando el reconocimiento y la aprobación externa. Creyendo que realmente «pertenecía». Me compré el paquete de beneficios.

Ahora que voy viendo de qué va la cosa, sospecho que en unos años estaré en otro lugar valorando cómo mi ego me está engañando hoy.

Siempre me gustó hacer las cosas bien. Que mi tarea estuviera bien hecha era importante porque había alguien que la necesitaría, un cliente, un usuario. 

Sin embargo, mi carrera estuvo acompañada de una necesidad de reconocimiento, de un comentario de aprobación, una calificación, un aumento, un ascenso o un bono.  Porque de este modo se avanzaba. Por supuesto que no todas las organizaciones serán así. Habrá algunas más exitistas y que fomenten la competencia. Y otras que realmente pongan el foco en hacer bien el trabajo.

¡Qué agobio! nada que nos robe más el alma y la energía que tratar de convencer a otros.

Lo importante es que me di cuenta de que me estaba marchitando. Me estaba alejando de mi ser. 

Hoy creo que la vida no se trata de estar en un lugar mejor, o de llegar a algún sitio, se trata de ser. En el medio se hará un camino, pero sin engañarnos, sin prisas, sin sufrir.

De repente, un día caí en la cuenta de que ya no me interesaba para nada el reconocimiento ajeno. No me importaba que me dieran un premio o me felicitaran. Podía bajar Dios y decirme, que bien lo has hecho y no me conmovería. 

Esto me volvió muy difícil el hecho de querer continuar trabajando en una organización. Solo sentía deseo de trabajar donde pudiera hacer una tarea que me hiciera feliz a mí. Teniendo un impacto positivo en los otros y sin importarme un gramo qué opinaran los que me lideraran.

¿Difícil de conseguir no? ¿Qué dirían si pongo esto en mi cv? 

Así es que, definitivamente era la hora de emprender. Algo que ya había iniciado varios años antes pero con poca fuerza.

Aclaración: no estoy queriendo decir que nadie que trabaje en una organización pueda ser feliz. Mucha gente trabaja en organizaciones no solo por dinero o por ego, sino que realmente realizan una tarea de la cual disfrutan muchísimo. Tampoco quiero decir que esté mal trabajar en una empresa si no estás del todo feliz con eso. Todas hacemos lo que creemos mejor y cada camino está bien porque es el que necesitamos. Además, hacemos lo que podemos en cada momento.

La verdad es que al comenzar no tuve muy claro como lo haría, ni siquiera qué haría. Solo tenía claros mis deseos en mi mente. Quiero hacer algo que me encante solo por el hecho de hacerlo, sin pensar en nada más. Y una gran compañera, la angustia. Que cada vez que tomaba un camino que no era para mí, me lo avisaba.

Con el tiempo cada pieza fue encajando en el rompecabezas y las soluciones y el cómo se fueron presentando frente a mí.

Si vives una situación similar, te animo a que inicies el camino para reencontrarte con tu alma. Es posible.

Si quieres acompañamiento en el proceso, escríbeme!

Te dejo este artículo donde comparto algunas pautas para comenzar a emprender desde el ser.

Sígueme para más contenido.

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