María - Una historia sobre cómo encontrar la salida (reflexiones sobre la historia de María)

La historia de María, es conmovedora.

Les dejo el link aquí por si no la han leído.

La forma en la que la trataron cuando estaba embarazada es animal (con el perdón de los animales), pero digo, es tan falta de humanidad. Es que hay muy poca consciencia sobre lo que atraviesa una mujer que acaba de ser madre y de lo inhumano que es reintegrarse en 3 meses y dejar a tu bebé, aunque nos quieran convencer de que ambos necesitan eso.

Pero creo que lo que le estaba sucediendo a María con su trabajo, si bien hay todo un sistema detrás, probablemente le estaría ocurriendo (de otra manera) a la persona que tuvo que darle la noticia de su despido.

Es que alejarnos del ser a algunos los vuelve violentos, amargados, oscuros. A María, la enfermó.

Creo que la “incapacidad” que sentía María para reincorporarse al mercado laboral, no era más que su ser poniendo límites. Su ser ayudándola a encontrar su verdadero camino.

Hablemos un poco del ser entonces.

¿Qué es eso?

Yo creo que no tengo ser, he nacido sin él.

No sé cuál es mi ser.

¿Cómo me doy cuenta de cuál es mi ser?

¿Te has preguntado algo de esto? Pues no dejes de hacerlo hasta que lo descubras. Aquí van algunas reflexiones para ir preparando el terreno.

El ser, para entenderlo de alguna manera terrenal, es tu esencia, es lo que permanece intacto pase lo que pase, el ser no cambia. son tus valores internos, es lo que más se ve de tí, cuando no estás actuando desde el ego.

¿Pero el ego no es bueno? ¿Por qué el ego me alejaría de mi ser?

Es muy difícil definir el ego, encontrarán la definición de: es el amor propio, es el amor excesivo por uno mismo, es el yo.

Creo que podría definir el ego como lo que nos falta para ser.

Pero esta definición no es muy precisa, así que daré algunas características que tiene el ego o pautas para verlo en acción.

Para mí, el ego es maravilloso, pues nos enseña el camino, nos marca nuestras falencias, nuestras faltas y necesidades. Dime de qué alardeas y te diré de qué careces.

Elijo querer a mi ego, porque gracias a él, sé lo que necesito, dónde necesito trabajar más para quererme de manera más genuina y alinearme con mi ser.

Por supuesto, habrá niveles de ego que me podrán hacer sufrir más que otros, pero al final el sufrimiento también es un amigo ya que también es un síntoma, al cual, si le presto atención y lo acepto, me ayudará a evolucionar.

¡No me jodas Rocío, no quiero sufrir!

Pues entonces trabaja tu ego y sufrirás menos en los próximos aprendizajes. La otra opción es morir, pues los muertos son los únicos que no tienen problemas.

El ego en realidad, nos aleja del ser cuando le creemos lo que nos cuenta. Cuando nos engaña haciéndonos creer que el deseo de otros, es el nuestro. Cuando nos dice que seremos felices en un futuro, si cumplimos tal o cual objetivo.

Esto ya es un engaño, porque el único momento en el que podemos ser felices es ahora, en este mismo instante.

Por supuesto que los proyectos nos movilizan, nos motivan, nos hacen avanzar, nos dan un sentido. Pero si son proyectos que están basados en el ego, o sea, en la promesa de un futuro feliz o en la expectativa de obtener la aprobación externa, entonces lo más probable es que esto no se cumpla nunca y solo estemos en una rueda de hámster, yendo hacia ningún sitio.

En cada futuro, se presentará un nuevo objetivo con nuevas promesas.

Aquí, es cuando puedes dejar de creerte ese cuento. Solo tienes que volver a tu eje y recordar: ¡un momento! puedo ser feliz ahora, puedo hacer algo que me haga feliz ahora, más allá de que me lleve a algún objetivo futuro.

Por favor no me malinterpreten, no estoy hablando de vivir en pleno placer y dejar el esfuerzo de lado, solo digo que podemos hacer cosas que impliquen esfuerzo pero que nos hagan feliz a la vez.

¿Y de dónde vienen estos mensajes de mi ego?

Pues, en general de una búsqueda de amor, de una búsqueda de aprobación.

Y hasta que entendemos que los únicos que debemos aprobarnos y amarnos somos nosotros mismos, vamos construyendo un camino formado por pasos que damos para obtener ese reconocimiento externo.

Damos los pasos que la sociedad, nuestra familia, nuestros padres nos pidieron. Gana dinero, haz algo con salida, conviértete en médico como tu madre, continúa con la empresa familiar, sé la mejor madre del mundo, obtén un título universitario y así serás alguien en la vida, y así podríamos seguir. Algunos mensajes pueden ser más tristes que otros y llevarnos a lugares más oscuros.

No es que nuestros padres sean malos, es que a veces estos mensajes nos los dan cuando somos muy pequeños y los entendemos de manera muy literal. Quizá solo nos quisieron decir que si nos gusta algo, pues nos formemos en eso para que nos habilite a ejercerlo; o que busquemos las herramientas para ser independientes; o que admiran mucho a otra persona de la familia porque se dedica a dar su amor a otros curando enfermos, etc. Nuestros padres nos hablan desde sus propios deseos sin realizar, desde sus frustraciones, sus miedos, pero con todo el amor del mundo y el deseo final de que seamos felices y si ellos no han detectado a su ego aún, probablemente nos aconsejen desde esa perspectiva creyendo que es lo mejor.

Así crecemos y continuamos entonces alejándonos de nuestro ser, o acercándonos…

Propongo ver los pasos que damos siguiendo las instrucciones del ego (una carrera que no deseábamos, un trabajo que no disfrutamos, un título que no era lo que queríamos) como una luz. Una luz de alerta que nos muestra lo que no es nuestro, por dónde no debemos ir. Es que hasta no encender la luz, no podemos ver.

Cuando enciendes la luz comienzan las señales, tu cuerpo comienza a hablar, tienes síntomas físicos y psicológicos. Migrañas, problemas intestinales, problemas en la piel, caída de cabello, ataques de ansiedad, intolerancias alimenticias, mal humor, agresividad, sentimientos de vacío, accidentes, hasta enfermedades graves.

Todo esto se da de manera inconsciente y si no trabajamos para descubrir qué nos ocurre, buscaremos formas de continuar silenciandolo.

Muchas veces estas situaciones se sostienen con medicación.

Pan para hoy, hambre para mañana.

Otras veces con consumo excesivo de sustancias, entretenimiento, objetos, comida…

En definitiva, el ego es una imagen idealizada de tí mismo, y el ser es lo que realmente eres, por lo tanto, no eres tu título universitario, no eres tu carrera laboral o tu puesto, no eres el coche o la casa que tienes, no eres tu apellido, tu estatus ni tus conocimientos. En el ejemplo de la carrera universitaria, eres la fuerza, la tenacidad, la voluntad, la curiosidad, que has invertido en ella. Porque si bien, es posible que no haya sido la carrera que tu querías, eres tú la que la transitaste, fueron tus valores internos los que te permitieron finalizarla. El título se puede romper, pueden cambiar las leyes y puede que un día no te lo reconozcan, sin embargo, tus valores internos, tu ser, permanecerá intacto. No hay nada que pueda derrocar a tu ser.

Entender que no somos lo que hacemos, ni lo que tenemos, nos relaja, nos permite fluir, porque no hay a donde correr y nos libera del miedo, porque nada de lo que pase podrá destruir nuestro ser. Si pierdo mi trabajo de toda la vida, si me quedo sin casa, por supuesto que serán situaciones difíciles y desafiantes que atravesar, pero no se perderá mi ser en eso.

Lo mismo ocurre con lo que los demás piensan de mí, cuando descubro que no soy lo que los demás piensan de mí, la idea o expectativa que tienen, se acaban las exigencias y no me rompo si alguien no me acepta.

Es el ego el que se preocupa, el que actúa desde la desesperación, el ser está en calma, porque sabe que pase lo que pase, nada cambiará, no se queda enganchado en los sucesos de la vida, ni en los positivos ni en las frustraciones.

Trabajar el ego nos equilibra, nos permite ver que no somos tan geniales ni tan horribles, nos permite reírnos de nuestros errores y de los de los demás, aceptarnos y aceptar a otros. Nos permite no creernos más ni menos que nadie.

En las líneas que escribió María, hay una hermosa historia de sublimación, María logró convertir algo que le hizo daño, en su vocación y con esto pudo “retener” esas memorias del crecimiento de su hija y compartirlas con su marido que estaba lejos pero que la sostenía. Y así, juntos, pudieron superar la adversidad.

¡Vaya reparación María! ¡Eso sí que es estar capacitada!

Gracias a sus pasos, María pudo encontrar su camino.

Ahora tiene luz propia y ha logrado poner distancia entre su deseo y las expectativas ajenas.

Creo que finalmente, María ha encontrado su salida.

Si tú  también  deseas encontrar la tuya, te acompaño!

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