¿Cómo encontrar la escuela ideal?
El momento de buscar la escuela ideal es realmente complejo. Por lo que veo en mis pacientes, creo que cada vez se vuelve más complicado. Por eso he escrito este artículo, donde comparto reflexiones personales sobre el tema, basadas en mi experiencia clínica y mi experiencia como madre.
Encontrar una escuela ideal puede ser un proceso complejo
Creo que a muchas madres y padres nos preocupa la educación de nuestros hijos. Es un dilema encontrar el lugar “ideal”. Cada familia tiene sus propias expectativas: unos quieren que sus hijos sean exitosos, otros que ganen dinero, que cambien el mundo o que sean creativos.
Lo curioso es que muchas veces esas expectativas están influenciadas por las propias heridas no resueltas de los padres, por miedos a repetir errores que creen que cometieron con ellos o por intentar darles a sus hijos lo que a ellos les faltó.
Pero quizá no nos damos cuenta de que esos errores surgieron justo porque nuestros padres también actuaron con esas mismas buenas intenciones, en un ciclo que se repite generación tras generación.
Por eso, creo que la mejor respuesta a este dilema es sencilla: elegir la escuela que el niño necesite. Muy en línea con la crianza intuitiva que suelo proponer. ¿Cuál es esa escuela? Aquella a la que el niño va con ganas y vuelve contento. Y quizá sea este el dato que nos puede guiar en la elección de las oportunidades que vamos a ofrecerle. El deseo del niño. No digo que nunca venga frustrado o enfadado de la escuela, sino que en general se sienta bien y motivado.
¿Y los contenidos que brinda la escuela?
Quizá te preguntes: ¿y los contenidos? Para mí, cada vez son menos importantes. Si tu hijo tiene pasión por algo, claro que le buscarás un lugar donde pueda desarrollarla. Y si no puedes permitírtelo, no es el fin del mundo. Si realmente es su pasión, encontrará la forma de acceder a ello, siempre que trabajes en que tu hijo se conozca a sí mismo y respete sus deseos y necesidades.
Hoy, con tanta información online y la ayuda de la inteligencia artificial, encontrar contenidos no es difícil. De hecho, la IA es una manera maravillosa de aprender, porque se aprende sin darnos cuenta “por proyecto”; es decir, cuando necesitas algo, se lo pides y ahí se da el aprendizaje porque lo pones en práctica, o se lo preguntas porque lo necesitas para algo, y eso se recuerda porque es útil. Muy distinto a la escuela tradicional, donde se aprenden cosas para un futuro, o que quizá nunca más se vuelven a ver, y ya sabemos que eso se olvida.
No digo que no haya que dar contenidos, ni quiero debatir sobre modelos educativos. Solo que a mí no me preocupa que mi hijo vaya a una escuela que no sea la “mejor” en contenidos. Me importa que vaya a un lugar donde lo traten bien, donde respeten sus necesidades y sean flexibles. Justamente porque eso es lo que quiero que mi hijo después pueda sembrar en el mundo.
Un sitio con valores, donde se comparta más que se compita y se trabaje la resiliencia.
Nuestra deuda como humanidad: emociones y valores
En mi opinión, nuestra gran deuda como humanidad no es justamente el desarrollo intelectual o tecnológico, sino el desarrollo emocional, humano, ético y de valores; el cultivo del amor y la construcción de comunidad.
Porque pensemos en esto: vivimos en un mundo lleno de profesionales que saben matemáticas, leyes, contabilidad, ingeniería, tecnología, medicina, pero seguimos con problemas primitivos. Ningún país logra encontrar un modelo económico justo, las guerras y la violencia parecen multiplicarse, los líderes mundiales a nivel humano dejan mucho que desear, las ideas parecen polarizadas y lejos de llegar a un acuerdo, el planeta, nos lo estamos cargando, el racismo, la crisis de la vivienda, la migración conflictiva, nuevas formas de «crear» humanos, la vulneración de derechos de mujeres y niños… La cuerda se está tensando cada vez más.
El futuro y sus dilemas éticos
El futuro nos va a exigir hacer las cosas de una manera diferente y enfrentarnos a dilemas éticos profundos.
¿Estamos realmente preparados para eso? ¿Y si nuestros hijos solo estudian para el éxito individual, serán útiles en esa realidad?
¿Quién va a solucionar todos estos problemas?
El modelo que venimos sosteniendo ya no sirve. Afortunadamente…
Si pensamos en el futuro inmediato, el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial va a transformar el mundo del trabajo, como mínimo, eliminando empleos repetitivos y alienantes, lo cual puede tener un lado maravilloso, pero necesitamos prepararnos para ese cambio con un plan social real.
Mientras tanto, crece el número de niños con trastornos del desarrollo, TDAH, ansiedad, adolescentes deprimidos o con trastorno límite de la personalidad, bullying, pornografía en la infancia, pedofilia… ¿y los adultos?
Estresados, cansados, con el sistema nervioso hiperactivado, ausentes aunque presentes físicamente… desconectados. Dejamos de conectar con nosotros mismos y con los demás, porque no estamos presentes, porque vivimos en una sociedad ansiosa y deprimida.
Todo esto que te nombro son problemáticas actuales que van a peor. ¿Lo vamos a solucionar con más profesionales?
Tanta formación académica y el mundo, aunque parece que avanza en algunos sitios, sigue estando al borde del colapso.
¿Qué educación queremos para nuestros hijos?
Frente a esta realidad, ¿de verdad creemos que lo más importante es que nuestros hijos aprendan inglés o matemáticas desde los tres años?
Por eso, si me preguntas qué educación quiero para mi hijo, te diré: una que le enseñe a conocerse, a escucharse, a respetar sus deseos para poder considerar y respetar los de los demás.
Quiero que aprenda a cuidar de sí mismo y de su entorno, que forme una ética basada en el amor, el respeto y la compasión. Que sepa compartir y construir. Que tenga la confianza para afrontar los dilemas de la vida.
Porque lo que necesitamos no son solo profesionales bien formados, sino personas capaces de amar, unir y compartir.
Los contenidos están al alcance de la inteligencia artificial, pero el amor, la ética y los valores no.
Necesitamos que el mundo deje de competir para compartir, que la población actúe desde un sistema nervioso regulado, desde el amor y la seguridad para contagiarnos entre nosotros.
¿Será que la tecnología nos está haciendo el favor de quedarse con lo más fácil para dejarnos el trabajo duro a nosotros?
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